Tanto como en nuestros trabajos, negocios, capacitaciones y espacios académicos, el rigor de la academia no debería desaparecer, pero lo ocupamos tanto que se vuelve con la práctica un hábito sin fundamentos. ¿Qué pasa cuando no lo hacemos una regla operativa para el día a día?
Simple; te vuelves un profesional metódico que pasa de largo con los detalles que marcan la diferencia, por eso nunca debe separarse la academia de la práctiva profesional.